Era un domingo frío, 18 de mayo de 2003, en una mañana gris que no se hacía sentir porque la primavera ya exhuberante nos permitía gozar de las flores de los jardines y de las materas de las calles. Vivía en Tervuren, una hermosa comuna flamenca a las afueras de Bruselas, a la que se llega por una amplia avenida que lleva su nombre construida en por el Rey Leopoldo II, junto con la línea 44 del tranvía que comunica con el centro de la capital, para facilitar la llegada a la Exposición Universal de Bruselas de 1897. Allí en Tervuren expuso en un zoológico humano a 267 niños, mujeres y hombres, se prohibió a los turistas alimentarlos “Los negros son alimentados por el comité organizador”, 7 de ellos murieron de frío, una placa más fría que el recuerdo de los fallecidos está en una pared cerca a la comuna.