Era una tarde fría de marzo de 2002, cuando conocí a Evo Morales en la casa de unos amigos comunes, Paul Emile Dupret y Belén Torres, en Bruselas, en la Rue Van Aa, en la comuna de Ixelles. Evo era diputado por el departamento de Cochabamaba. Evo portaba una camisa roja de cuadros pequeños y una chaqueta negra tejida de lana, recuerdo la mirada viva y profunda de sus ojos negros. Nos econtramos también con una de las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, Laura Bonaparte, quien portaba un manto blanco de lana que la cubría toda, con un pañolón blanco reluciente que con su rostro de nacar perfecto, sus ojos claros y su hermosa sonrisa, llenaba la sala de una presencia casi celestial.