Luis Guillermo Pérez Casas

Te invito a leer esta breve reseña como defensor de derechos humanos. Luis Guillermo Peréz Casas. «Aún quedan inventores de fábulas» en la revista digital La Super Contigo de la SuperSubsidio.

Luis Guillermo Defensor de derechos humanos

21 de febrero 2023

El trasegar de Luis Guillermo Pérez en su lucha por la paz y los derechos humanos es la historia de un hombre que ha creído firmemente en que la verdad y la justicia son el único camino hacia una paz total y duradera. Una historia que merece ser contada una y otra vez.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”, con esta oración, Gabriel García Márquez inició su autobiografía Memoria de mis putas tristes, frase que bien podría describir, en resumen, la vida de Luis Guillermo Pérez Casas.

 En 1989, Colombia vivía uno de los años más sangrientos de su historia. El 18 de enero, en el corregimiento de La Rochela, en el Magdalena Santandereano, 12 miembros de una comisión judicial fueron asesinados, producto de una alianza entre paramilitares, narcos y miembros del Ejército Nacional.

Dos meses más tarde, fue asesinado el abogado y político de la Unión Patriótica, José Antequera y en agosto del mismo año acabaron con la vida del candidato presidencial, Luis Carlos Galán.

Mientras el presidente Virgilio Barco amenazaba a los grandes capos del narcotráfico con extraditarlos, la violencia se extendía por los campos y las ciudades de la nación, pero en medio de ese ambiente convulsionado, Luis Guillermo Pérez Casas cumplía con su último año de estudios de derecho, en la Universidad Nacional de Colombia. Salía del barrio Bosques de San Carlos ubicado en el sur de la capital, atravesaba la ciudad para llegar a la carrera 30. Sus compañeros de facultad recuerdan que todos los días, religiosamente, lo veían cargando en sus brazos a una pequeña niña. Se trataba de su primera hija, que para ese entonces cursaba preescolar en el Instituto Pedagógico Arturo Ramírez Montúfar (IPARM).

Pero el ingreso a la universidad pública de Pérez Casas no fue una coincidencia de la vida, como tampoco lo fue que en el Líbano, Tolima, un 10 de diciembre de 1962, día internacional de los derechos humanos, naciera un hombre que ha dedicado su vida entera a la defensa de las libertades civiles y que cree genuinamente que la vida es un derecho sagrado.

“Luis Guillermo es muy buen orador. Aún recuerdo su discurso cuando mataron a Jaime Pardo Leal. Yo admiro su valentía para enfrentar y encarar a los criminales, especialmente a los criminales de Estado. Para señalar directamente sus responsabilidades en graves violaciones de derechos humanos, como masacres, desapariciones forzadas y asesinatos”, señala Reinaldo Villalba, presidente del colectivo José Alvear Restrepo.

 A finales de los ochenta, Pérez Casas se vinculó al Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CAJAR), una organización sin ánimo de lucro pionera en la defensa de los derechos humanos en Colombia. Durante esa época asumió el reto de garantizar que los estudiantes y sindicalistas que eran puestos en prisión por protestar contra el gobierno, contaran con las garantías mínimas para un alegato.

 En 1995 lideró con el CAJAR una campaña que cuestionaba la impunidad en los asesinatos, torturas y desapariciones de campesinos, líderes sociales, activistas, simpatizantes y miembros del partido político Unión Patriótica, llamada “Basta de Impunidad”, que pronto le trajo enemigos poderosos que lo obligaron a exiliarse.

Seguir con vida para seguir luchando

Tres años más tarde, desde la tribuna de la ONU en Ginebra, en 1998, sin que le temblara la voz, Luis Guillermo Pérez denunció ante el mundo que el Ejército Nacional de Colombia tenía responsabilidad en el crimen de Eduardo Umaña Mendoza, abogado penalista reconocido por su lucha por los derechos humanos.

Tras su denuncia las amenazas de muerte incrementaron.

“Para Luis Guillermo lo más importante era proteger a su familia, entonces con su esposa y sus hijos se fue a Bruselas, mientras que al resto de la familia la movió a Ibagué, pensando que

estarían a salvo, pero a los pocos días pintaron un grafiti en la fachada de su casa, advirtiéndole que cuidara a su hijo, y en la contestadora de llamadas le dejaron un mensaje, haciéndole saber que conocían la rutina de la familia”, afirma Villalba.

Pese a los consejos de sus colegas, que le decían que se quedará en el extranjero, que lo iban a matar, el hoy Superintendente del Subsidio Familiar, regresó a Colombia en enero de 1999 con la tarea de investigar las masacres de La Rochela y Mapiripán, demostrando que su amor por la vida y su compromiso por las causas sociales son inherentes a su condición humana.

“Eso viene de mis abuelos y de las historias de violencia que había sufrido mi familia en el norte del Tolima. Yo escuchaba cuando ellos narraban que en el campo llegaban guerrilleros o el ejército y mataban a los campesinos. Les quitaban las cabezas, les quemaban sus ranchos, los desplazaban, abusaban de sus mujeres. Historias horrorosas de cuántas veces ellos tuvieron que correr para no ser asesinados. Esa sensibilidad viene de lo que ellos nos contaban, de allí vino todo ese amor por la vida y mi rechazo a la violencia. Detesto la violencia”, nos cuenta el propio Luis Guillermo Pérez.

En 2009, cuando se revelaron las chuzadas orquestadas por el DAS contra las organizaciones sociales, políticos de oposición, periodistas y defensores de derechos humanos, Pérez Casas interpeló al exdirector del DAS y pidió que el país conociera la información acerca de los seguimientos y espionajes que se dieron especialmente contra los miembros del CAJAR, Acusación a la que los servicios secretos colombianos respondieron con el robó de tres computadores y una memoria en el que Pérez almacenaba los procesos que adelantaba en Europa y que serían presentados ante la Corte Penal Internacional.

Trece años en el exilio y más de tres décadas dedicadas a la defensa de los derechos humanos es la carta de presentación del hijo de doña Oliva y don Guillermo. Un hombre que jamás ha perdido el tono agradable y voz suave pero poderosa con la que encara a sus contradictores, una lista larga de enemigos que incluye expresidentes y vicepresidentes, generales y militares a los que en más de una ocasión les ha cantado la tabla.

Un hombre que supo ganarse el cariño de las víctimas de la violencia fratricida que ha vivido Colombia y a quienes ha convertido en parte de su familia.

En su labor como funcionario público, sin titubear, aseguran sus amigos que Pérez Casas seguirá luchando para que los colombianos puedan vivir en dignidad porque, parafraseando al nobel de literatura, Gabo, ‘aún quedan inventores de fábulas’.

“Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.*

*Párrafo extraído del discurso del Premio Nobel de Literatura pronunciado por Gabriel García Márquez en 1982.

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